Se cree que la innovación es la receta perfecta para aumentar la rentabilidad de una organización, superar las expectativas de los clientes y generar productos o servicios competitivos. Una investigación de McKinsey demuestra que el 84 % de los CEO cree que la innovación es crítica para el crecimiento, pero solo el 6 % está satisfecho con su desempeño en esa área. Si los ejecutivos están de acuerdo con el valor que tiene la innovación, ¿por qué hay tantas iniciativas que no dan el resultado esperado?
El problema radica en cómo se llevan a cabo esas iniciativas, ya que a menudo hay confusión o malentendidos en torno a lo que es realmente la "innovación". Con tanto frenesí al respecto, es fácil perder de vista su verdadero significado. Para descubrir lo que realmente significa ser innovador, hablamos con David Dabscheck, fundador y co-CEO de GIANT Innovation, una consultora que transforma la forma en que las organizaciones y las personas piensan y actúan para convertirse en innovadores de primera clase.
A partir de su experiencia en ayudar a las organizaciones líderes a liberar su potencial innovador, Dabscheck nos aclara qué es y qué no es la innovación derribando cinco mitos comunes que muchos aceptan erróneamente como verdad.
Mito n.° 1: la innovación es lo mismo que la creatividad.
¿Qué se nos viene a la mente cuando pensamos en innovación? Para muchas personas, son las tecnologías creativas más nuevas, como cadena de bloques, inteligencia artificial o realidad virtual. Aunque esas nuevas invenciones ciertamente pueden permitir la innovación, no son suficientes por sí solas para ser calificadas como innovadoras. La verdadera innovación radica en el valor que se les proporciona a los clientes como resultado de esas ideas creativas.
Es decir que una idea puede ser creativa, pero si no es algo necesario o no ayuda a los clientes, no es innovadora. Cuando las organizaciones piensan que la innovación significa creatividad, pierden de vista la resolución de los problemas reales de los clientes y terminan con toneladas de ideas originales para las que no hay mercado. Dabscheck se refiere a esto como la "burbuja de soluciones", y es especialmente común en industrias técnicas como la ingeniería.
"Descubrimos que los equipos se apasionan tanto por sus productos y servicios que se olvidan de cuál es el problema o la necesidad del cliente que están resolviendo", dice Dabscheck.
Realidad: innovación = algo nuevo + algo útil
Hay muchas cosas nuevas que no son útiles (como un refresco con sabor a ajo) y muchas cosas útiles que no son nuevas (como la silla que usamos para sentarnos). Pero la combinación de algo nuevo más algo útil ayuda a los equipos a centrarse en nuevas ideas que realmente abordan necesidades humanas fundamentales.
"Esta definición hace que pensemos en la innovación de una manera más útil y amplia" dice Dabscheck. "Todos pueden hacer algo nuevo y útil en su trabajo, por lo que lleva el concepto de innovación a algo más que tecnología nueva solamente".
Los líderes que buscan aumentar la innovación deben tener en cuenta esta definición al trabajar en cada faceta de la organización: al construir su modelo de negocio, crear productos nuevos, mejorar los procesos y más. Dabscheck explica:
"Hay que comenzar identificando quién es el cliente y cuál es su problema. Eso es lo que impulsa la innovación".
Una mentalidad experimental es clave para este enfoque. Pensar ideas es solo la mitad de la batalla: para encontrar una solución que funcione, hay que probar las ideas, aprender e iterar. Este es un proceso continuo esencial para hacer que las organizaciones pasen de tener ideas novedosas a crear soluciones que aborden los problemas de los clientes en el mundo real.
Mito n.° 2: la innovación está reservada a un equipo específico
A menudo impulsadas por una creencia en el mito anterior, muchas empresas tienden a dejar la innovación a cargo de equipos seleccionados, normalmente aquellos involucrados en la creación de nuevas tecnologías o nuevos emprendimientos.
"Las organizaciones se perjudican a sí mismas cuando le dejan la innovación solo a un pequeño equipo designado", dice Dabscheck. "Se pierden oportunidades para aumentar la eficiencia, mejorar los procesos y mejorar la experiencia del cliente en todos los departamentos".
Realidad: todos los empleados pueden, y deben, ser innovadores.
Aunque puede ser beneficioso contratar líderes y equipos dedicados a la innovación, no son las únicas personas de la empresa que pueden ser innovadoras.
Recordemos que la innovación comienza por comprender al cliente, y todos tienen uno.
"Definimos a un cliente como 'alguien a quien necesitamos brindar un servicio o producto'", dice Dabschek. "Este punto de vista hace que la innovación sea posible para todos los miembros de la organización y no solo para aquellos que crean un producto".
Por ejemplo, si alguien de RR. HH. piensa en a quién le presta un servicio, puede determinar que sus clientes son los gerentes de contratación de toda la organización, los empleados potenciales y los nuevos empleados. Luego puede centrarse en comprender los problemas específicos que enfrentan esos grupos y desarrollar soluciones innovadoras para resolverlos.
Debido a que este es un aspecto muy simple pero que a menudo se pasa por alto, GIANT Innovation ha centrado su atención en transformar a los equipos en innovadores cotidianos, sin importar cuál sea su función. "Creemos que todos los integrantes de una organización pueden ser innovadores, desde un equipo de finanzas que hace un proceso más eficiente hasta un equipo de ventas que prueba un nuevo enfoque", dice Dabscheck. "La clave está en permitir la innovación en todos los niveles de la organización: individualmente, en equipo y en toda la empresa".
A nivel individual, la innovación habla de la necesidad humana de crear. Saca las mejores versiones de las personas e impulsa el compromiso. A nivel de equipo, la innovación proporciona una mentalidad y un lenguaje comunes para que todos trabajen con los mismos objetivos. Y cuanto más equipos adopten una mentalidad innovadora, más se beneficiará la empresa a nivel general, con una mayor agilidad que le permita crecer, escalar y mantenerse competitiva.
Mito n.° 3: la innovación requiere una gran inversión inicial.
Muchos ejecutivos creen erróneamente que cuanto más dinero dediquen a la innovación más innovadora será su organización. Desafortunadamente, invierten tantos recursos en nuevas infraestructuras y tecnologías que, a menudo, olvidan invertir en las personas.
"Vemos que esta situación se repite con frecuencia, cuando las organizaciones invierten una gran cantidad de recursos al principio y terminan descubriendo que han gastado dinero en algo que no está ayudando a su gente a innovar", dice Dabscheck.
Realidad: la innovación no se trata de invertir, sino de empoderar a las personas.
Las mejores ideas no son el resultado de una nueva herramienta o tecnología: son el resultado del intercambio de conocimientos colaborativo, el aprendizaje en grupo y las perspectivas únicas de todas las personas que contribuyen. Tanto si se realiza el trabajo en persona como si se lo hace a distancia o de forma híbrida, hay que concentrarse en fomentar una forma de colaboración en la cual los empleados experimenten, compartan sus descubrimientos y accedan fácilmente a la información. Dabscheck da esta recomendación para fomentar la colaboración:
"Una de las mejores formas de reunir a la gente es a través de talleres experimentales. Una plataforma como Lucid es esencial para ofrecer esas experiencias, porque les permite a los empleados comprender colectivamente los problemas de los clientes y crear soluciones de manera conjunta, en lugar de a través de conversaciones unidireccionales".
Consejo: la galería de plantillas de Lucidspark ofrece plantillas prediseñadas para iniciar los talleres de colaboración. Echa un vistazo a este taller de pensamiento de diseño para empezar.