¿Qué se nos viene a la mente cuando pensamos en colaboración?
Para muchos trabajadores, es la idea de un grupo de personas reunidas en una sala de conferencias o, más comúnmente en los últimos años, en una llamada virtual. Probablemente implique mirar presentaciones de diapositivas poco inspiradoras y revisar interminables correos electrónicos e hilos de chat.
Ahora piensa: ¿qué tan efectivas consideras que son esas interacciones?
Dado que los trabajadores de hoy pasan el 58 % de su tiempo en "trabajo sobre el trabajo" y 129 horas en reuniones innecesarias cada año, apuesto que esas supuestas actividades colaborativas no se sienten demasiado productivas.
Esas interacciones superfluas tienen un costo alto. En una organización con 5000 empleados, según las investigaciones, se estima que 101 millones de dólares al año se desperdician potencialmente en reuniones. Pero la colaboración debería mejorar el resultado final y no llevar a la bancarrota. Entonces, ¿qué es lo que sucede?
En pocas palabras, el enfoque (o la falta de este) que muchas organizaciones adoptan respecto a la colaboración es ineficaz. Y, debido a que a menudo es difícil determinar lo que hace que la colaboración no funcione, es difícil solucionarlo.
Pero los equipos no tienen por qué sufrir con tediosas presentaciones de diapositivas ni bandejas de entrada abarrotadas. Al descubrir los problemas actuales de la colaboración, revelaremos cuáles son las oportunidades de colaborar mejor para impulsar la innovación, aumentar la productividad y acelerar el crecimiento de los ingresos.
Una breve historia de los problemas de colaboración
Muchas organizaciones atribuyen sus problemas de colaboración al cambio al trabajo remoto e híbrido que sucedió a partir de la pandemia. Pero estos problemas se remontan a mucho antes.
Incluso cuando los equipos trabajaban juntos en la oficina todos los días, las organizaciones tenían dificultades para facilitar una colaboración eficaz. Por ejemplo, hace años trabajé con una organización que consideraba que los trabajadores estaban aislados en las diferentes plantas de su edificio y eso hacía que se perdiera una importante colaboración multidisciplinaria. Intentaron implementar escaleras centrales y abiertas y colocar intencionalmente máquinas de café en ciertos pisos en un esfuerzo por obligar a las personas a interactuar más entre sí.
Con el cambio al trabajo remoto, las organizaciones buscaron nuevas formas de fomentar la colaboración de los empleados. Esas interacciones a menudo adoptaron la forma de videollamadas, lo que dio lugar a un fenómeno muy difundido llamado "fatiga de las reuniones virtuales", que, lejos de conectarlos, está agotando a los empleados.
Ya sea la implementación de un plan de oficina abierta o la programación de más reuniones, el problema sigue siendo el mismo: nos hemos centrado tanto en aumentar la cantidad de interacciones que hemos descuidado las formas de mejorar la calidad de esas interacciones. En un artículo de McKinsey se explica bien: "Con reuniones multitudinarias e interminables y correos electrónicos incesantes, las empresas han pasado a dominar el arte de las interacciones innecesarias".
"El trabajo híbrido no ha arruinado la colaboración. Pero nos ha hecho darnos cuenta de que estamos en un punto de inflexión con la colaboración, y no podemos arreglarlo con la colocación estratégica de una máquina de café, ni con otra reunión, correo electrónico o presentación de diapositivas".